lunes, 6 de mayo de 2013

Napalm

La mañana
se rompió por nuestros ojos
igual que las camisas de los gitanos
en noches de boda.
Los escombros de la noche anterior
amanecieron esparcidos por la cama.
Y, antes de que recordáramos
quiénes éramos y dónde estábamos,
una resaca fría de aguas turbulentas
inundó la habitación de ruido.

-¿Qué ha pasado? –dijo
cubriéndose los senos con las sábanas
y bajando la mirada con la misma destreza
con la que ayer se bajaba la falda.
-No lo tengo claro, pero hay indicios
de que anoche bombardearon tu boca,
y yo he amanecido con un extraño sabor a napalm en el paladar.

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