lunes, 6 de mayo de 2013

La sombra de Robespierre

Empezamos conformándonos con todo,
terminamos quedándonos sin nada.

Nos enseñaron que para pedir la palabra,
primero había que arrodillarse en silencio,
a buscar los días de la semana
como si fuesen monedas perdidas
 entre los cojines del sofá,
a desahogarnos cada medianoche
contando margaritas bajo los puentes.

 Nos hicieron creer ser los culpables,
quizás por eso nos inventaron un Dios.

 Las vírgenes volvieron de empeñar sus joyas
 del establecimiento de la esquina
 para financiar otra guerra.
Por las calles camina la sombra de Robespierre
y las bestias volvieron cantando de las catedrales.

 Ya sólo queda sacarse de los bolsillos
 las últimas virutas de pólvora que nos sobró de la derrota
y prepararnos para lo mejor.
Para no conformarnos con nada
y terminar quedándonos con todo
-con todo lo que es nuestro-.

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