lunes, 22 de abril de 2013





El  tiempo es  sólo  una  metáfora de  la  muerte.

Bornos - Arcos

Podemos seguir pensando
que esta vida merece la pena;
desconchándonos los codos
pensando en el futuro,
comiéndonos la boca
y quedarnos hambrientos.

 Podemos seguir jugando
a no ser visto entre la multitud,
comerciando con los rostros del mercado
en busca de una mirada
 que nos encienda las venas.

Y podemos ser tanta gente
que nos conformamos con ser sólo dos.

 Podemos seguir viviendo de las rentas,
 limpiando las literas de la demencia
con aceite de ricino.
Enterrar estos días en una fosa común
empapados en cal viva,
en el kilómetro seis -carretera Bornos – Arcos-.

Y podemos seguir viviendo
de cara a la pared,
y descolgar el teléfono
y quedarnos sin palabras,
como si esta vida no mereciera la pena,
como si nada de esto hubiese pasado.

sábado, 13 de abril de 2013

Bienvenidos


Tengo dos sillas de playa en el salón,
todavía con arena del penúltimo verano,
junto a una caja de cartón invertida
haciéndose pasar por una mesa
de último diseño.

Sobre unos palés de madera,
un colchón, que salvé
de los pies de un contenedor,
con la silueta de los cinco continentes
estampada, en tonos ocres,
sobre su barriga.

En una pila de libros de páginas cobrizas,
una vieja lámpara parpadeante
que se olvidaron los antiguos inquilinos.
Un lebrillo de barro en la cocina,
con platos y cucharas que sobraron
de algún cumpleaños familiar.

Una concha de cenicero.
Un cuervo de mascota.
Tus bragas de ambientador.

Una lata de cerveza como alcancía.

Guardo, aún, la ropa doblada dentro de la maleta.
He colgado mis primeros dibujos de niño
por el pasillo,
y por detrás de una carta del banco
he escrito: -Bienvenidos-
y lo he puesto a la entrada.

Los espíritus tallaron sus tristes figuras por las paredes
y se han quedado a morir aquí,
donde los dioses sólo son esclavos del Hombre,
igual que los relojes, del tiempo.

 Lo siento, pero no pienso amueblar la casa,
sin amueblarme, primero, la cabeza.

jueves, 11 de abril de 2013

Sólo hay que cerrar los párpados y abrir los ojos

Me he prometido
no esperar en los semáforos
 como el que espera su sentencia de muerte,
caminar sin andarme por las ramas,
dormir la siesta entre los raíles,
 ahogarme en un vaso de whisky
para mantener la cordura.

 Me he propuesto
velarle los gritos a los teloneros del insomnio,
diseñarme un disfraz de payaso con los periódicos
del día en que terminó la guerra,
plantar versos en las macetas,
hacer equilibrismo por los trópicos de tu vientre
hasta masticarle las tripas al placer.

 Me he prohibido
liquidar el impuesto revolucionario del miedo
hasta ver sus pies por debajo de la puerta,
buscar muñecas decapitadas
por los arrabales de los vertederos,
andar de espaldas a la luna.

 Sólo hay que cerrar los párpados
y abrir los ojos.
Deponer las armas y armarse de orgullo.

 Y lo prometido es deuda.