viernes, 26 de octubre de 2012

Las sombras de sus secuelas

El día en que Rousseau dejó de creer en el Ser Humano.
El día en que las ciudades perdieron su romanticismo.
El día en que crearon a Jesucristo.
El día que asesinaron a John Lennon.

El día en que mi vecina cambió de camisón.
El día en que nos tragaron las arenas movedizas
de la utopía.
El día en que me quedé con lo puesto
y te fuiste con todo lo que quedó.

Fueron días que no supieron volver a casa,
que vivieron más de la cuenta
y murieron antes de lo previsto.

Días que no tuvieron fecha.
Días de relojes desafinados,
de armarios precintados por amenaza de bomba.


Otro año nuevo más para este viejo mundo

Enero y sus nuevos propósitos
sorprendieron enamorándose a Febrero
en vísperas de carnaval.

Marzo esperó a que Abril volviera de su visita
con el psiquiatra.

Mayo cruzó por la calle
con amenazas de aguacero en el bolsillo de su camisa.
Junio despertó una mañana, tentando su homosexualidad, abrazado desnudo a Julio.

Agosto llegó con su receta para depresiones
de la farmacia de la esquina.

Septiembre regresó con sus libros de economía
debajo del brazo.
Octubre compró treinta y un días a los calendarios cocina.

Noviembre dijo que me perseguiría unos meses más.
Y diciembre hizo inventario de lo que no tenía,
colgó su sotana
y roció a Enero con gasolina 
para avivar las hogueras de las vanidades con sus nuevos propósitos.


Cayeron los días, los mitos, los meses
redundantes y silenciosos como gotas de un grifo mal cerrado.
Sin preguntar porqué, sin pedir perdón.

Otro año más que toca doblar y guardarlo en la maleta,
cerrarla como se abre la caja de pandora
y olvidarlas en el último rincón de la casa.

Otro año más
que pasó en el tiempo que he tardado en escribir este poema.