martes, 22 de mayo de 2012

(De)Vuelvo

Hoy. Diecisiete de octubre
–dos de junio según los calendarios-,
con un dolor de muelas limándome el cielo
de la boca del estómago,
con las venas cansadas y barro en los talones,
vuelvo dispuesto a todo.

A vengarle la muerte a la muerte,
a desencajarme las clavículas y llorar con los brazos en cruz,
a vestirme de domingo todas las mañanas de miércoles
y estar en todos lados menos en mí.
Armado hasta los dientes
y esperando el olor a pólvora para atacar.

Las calles huelen a cerrado.
El periódico de hoy viene con noticias de ayer.
Hay una pareja deshaciéndose a reproches
en la puerta del juzgado,
uno fuma nervioso, el otro llora sin dejarse querer.

Censaron todos los latidos de la ciudad por miedo a una posible rebelión,
y expropiaron al deseo de su hábitat natural
para convertirlo en sangre de Cristo.

Pero son las doce y media
y aún nos queda toda la noche por delante
para mecer los latidos de los relojes con las agujas del corazón
y bebernos lo que destila el tiempo en el rostro
que asoma por encima de mi hombro en el espejo.

Para vestirme de verano todas las mañanas de marzo.
Y volver dispuesto a todo, para volver a quedarme sin nada.
Hoy. Veinte de noviembre
-dos de junio según los telediarios-.