lunes, 19 de septiembre de 2011

Calabazas y calabozos


Destapé el placer en el asiento de un coche,
le di una capa a estas ojeras desconchadas.
En mis rodillas se volvió a morir la noche
malvendiendo mi salud por cuatro caladas.

Con palomas de incienso de estiércol desabrido
bendije este pespunte de sangre y alfileres.
Hubiera pactado tablas con el olvido
si no me vengara el azar de tus crupieres.

Cuántos beatos opositan a tu ombligo,
quemando lunas de calabazas y calabozos,
qué importa, amor, no envejecer contigo
si, juntos, rompimos la juventud a trozos.

Cuántos labios cerrados alternan tus besos
sin la amarga lluvia de saliva ácida,
para qué encalar las caries de estos huesos
si tus pupilas ya no lloran sobre mi lápida.

No confecciones trajes de poeta maldito
con estas señales de humo escritas en verso;
borra los tatuajes del cuerpo del delito
que yo prenderé de girasoles nuestro universo.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Caminos de regreso



No guardo las conversaciones,
ni prueba alguna de nuestros encuentros,
ni mensajes de voz dentro de una caracola;
ni pañuelos de despedida,
ni caminos de regreso.

Ni a mí me sobraban las ganas,
ni a ti te faltaron razones
para tener y olvidar,
y olvidar para seguir viviendo,
para tropezar seis veces en la misma piedra
y curarnos los últimos retazos de acné juvenil
que aquellos años nos salpicaron en la espalda.

Y por no guardar,
no te guardo ni rencor,
ni los despertadores tiritando a las ocho,
ni los gemidos que te dejaste en el tintero,
ni los pasos de cebra que cruzábamos con el pie cambiado,
ni las pieles de cordero
que me vendiste a cuatro besos el metro.

Y no los guardo, porque los guardo en ti.
En los bajos fondos de tu bolso,
en las palabras que te guardas,
en tus noches laborables y mis días en vela.

Y por guardar, sólo guardé silencios.
Me llené con ellos los bolsillos
y esparcí sus sombras por la orilla de La Victoria.
Y le recité a los gatos mi repertorio,
y me puse, de nuevo, en venta a los pies de una barra.
Y vendimié los pezones
de la primera que cruzó conmigo los pasos de cebra
que cruzábamos con el pie cambiado…

Para qué guardarlo, si después lo pierdo contigo.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Latidos y pudores



Descosimos las fronteras de la cama,
acentuamos las sílabas de orgasmos
en el penúltimo eco de la última vocal,
caímos, resucitamos…
nos desenterramos de las sienes los inviernos,
volvimos a caer…
las amapolas se adelantaron a la primavera
e hicimos nuestras las sábanas
que esperaban con olor a otras personas.
  
Me bebí de tus ojos los orines
en un amago por vengarme de amores no correspondidos
y derramé mi copa en tus labios
hasta que las llagas hicieron el resto en tus pezones.

Y soñamos despiertos, porque dormimos desnudos,
hasta que los ladridos de la mañana
dictaron sentencia entre esas cuatro paredes.
Y, desarmados al amor de latidos y pudores,
nos contábamos los defectos
que ayer nos importaron un carajo.
Y callamos antes de que la pasión perdiera su acento
Y nos miramos por última vez,
antes de que volviéramos cada uno a sus asuntos.
Y le canté a tu ombligo,
y me vestiste de poeta,
y te perdiste calle abajo...
Y volvimos a caer.