lunes, 22 de agosto de 2011

Con los ojos cargados de venas


La Palabra es una mujer
que en silencio no es nadie,
y a gritos puede ser todas las cosas.
En las conversaciones pasa desapercibida,
siempre posa con la misma figura
y se va con el primero que abre la boca.

Pierde la inocencia en su primera noche
y se viste de valiente en las cuerdas del vino.
Siempre te expurga las sienes
si tienes una sonrisa que llevarse a la boca.

Para mí no es nadie, nadie más que ella...

No entiende de horarios,
aunque a la luna le hable de tú.
Es política, libre y mercenaria,
de escotes desconchados y orgasmo difícil,
de aliento caliente y lengua rota.

Cada noche,
cada noche que ella se deja,
le infecto con tinta las lindes del clítoris
hasta poder susurrarla al infinito,
o masticarla cuando, aún, es esqueleto.
Siempre llama a mi puerta con los ojos cargados de venas
para resguardarse de amantes indiscretos.
Hoy la tengo aqui conmigo,
quitándome el cigarrillo de después
y preguntándome qué significa esta metáfora.
Porque en silencio no era Nadie,
y tendida en mis labios
podía llegar a serlo Todo.