jueves, 9 de mayo de 2013

La Luna hizo Noche en la Puerta del Sol

Crecían preguntas en los árboles.
La avaricia vestía de chaqueta.
Se encalaron las manos de futuro.
Y los gritos impusieron su cordura.

Tú te perdiste entre la multitud
tras los ecos de consignas libertarias;
y yo me quedé con menos libertad
de la que tenía contigo.

lunes, 6 de mayo de 2013

Napalm

La mañana
se rompió por nuestros ojos
igual que las camisas de los gitanos
en noches de boda.
Los escombros de la noche anterior
amanecieron esparcidos por la cama.
Y, antes de que recordáramos
quiénes éramos y dónde estábamos,
una resaca fría de aguas turbulentas
inundó la habitación de ruido.

-¿Qué ha pasado? –dijo
cubriéndose los senos con las sábanas
y bajando la mirada con la misma destreza
con la que ayer se bajaba la falda.
-No lo tengo claro, pero hay indicios
de que anoche bombardearon tu boca,
y yo he amanecido con un extraño sabor a napalm en el paladar.

La sombra de Robespierre

Empezamos conformándonos con todo,
terminamos quedándonos sin nada.

Nos enseñaron que para pedir la palabra,
primero había que arrodillarse en silencio,
a buscar los días de la semana
como si fuesen monedas perdidas
 entre los cojines del sofá,
a desahogarnos cada medianoche
contando margaritas bajo los puentes.

 Nos hicieron creer ser los culpables,
quizás por eso nos inventaron un Dios.

 Las vírgenes volvieron de empeñar sus joyas
 del establecimiento de la esquina
 para financiar otra guerra.
Por las calles camina la sombra de Robespierre
y las bestias volvieron cantando de las catedrales.

 Ya sólo queda sacarse de los bolsillos
 las últimas virutas de pólvora que nos sobró de la derrota
y prepararnos para lo mejor.
Para no conformarnos con nada
y terminar quedándonos con todo
-con todo lo que es nuestro-.

Las ortigas del escalofrío

Te hacen falta tantas cualidades
para que deje a la mitad esta copa y huyamos de este antro
 como dos estudiantes a la salida del instituto,
que lo haría, aunque no me lo pidieses.

Y dejarnos olvidados los abrigos al salir,
 antes de que entre el pasado preguntando por nosotros.
Y delimitar la patria a la suela de nuestros zapatos,
y resguardarnos en las cabinas telefónicas de miradas asesinas.

 Ya he comprado un precipicio
 donde despeñar todo lo que nos hace ser quien somos.

Sólo hay bebernos las luces de los charcos,
saltar de dos en dos los escalones de tu cremallera,
y masticar las ortigas del escalofrío en tus labios menores,
mientras caes al cielo con la mirada perdida.

Ahora que, aún, no sabes mi nombre
 ni yo, todavía, dónde vives,
que nos inventamos una vida distinta en cada suburbio
y amanecemos con la última sombra que eclipsó la nuestra.

lunes, 22 de abril de 2013





El  tiempo es  sólo  una  metáfora de  la  muerte.

Bornos - Arcos

Podemos seguir pensando
que esta vida merece la pena;
desconchándonos los codos
pensando en el futuro,
comiéndonos la boca
y quedarnos hambrientos.

 Podemos seguir jugando
a no ser visto entre la multitud,
comerciando con los rostros del mercado
en busca de una mirada
 que nos encienda las venas.

Y podemos ser tanta gente
que nos conformamos con ser sólo dos.

 Podemos seguir viviendo de las rentas,
 limpiando las literas de la demencia
con aceite de ricino.
Enterrar estos días en una fosa común
empapados en cal viva,
en el kilómetro seis -carretera Bornos – Arcos-.

Y podemos seguir viviendo
de cara a la pared,
y descolgar el teléfono
y quedarnos sin palabras,
como si esta vida no mereciera la pena,
como si nada de esto hubiese pasado.

sábado, 13 de abril de 2013

Bienvenidos


Tengo dos sillas de playa en el salón,
todavía con arena del penúltimo verano,
junto a una caja de cartón invertida
haciéndose pasar por una mesa
de último diseño.

Sobre unos palés de madera,
un colchón, que salvé
de los pies de un contenedor,
con la silueta de los cinco continentes
estampada, en tonos ocres,
sobre su barriga.

En una pila de libros de páginas cobrizas,
una vieja lámpara parpadeante
que se olvidaron los antiguos inquilinos.
Un lebrillo de barro en la cocina,
con platos y cucharas que sobraron
de algún cumpleaños familiar.

Una concha de cenicero.
Un cuervo de mascota.
Tus bragas de ambientador.

Una lata de cerveza como alcancía.

Guardo, aún, la ropa doblada dentro de la maleta.
He colgado mis primeros dibujos de niño
por el pasillo,
y por detrás de una carta del banco
he escrito: -Bienvenidos-
y lo he puesto a la entrada.

Los espíritus tallaron sus tristes figuras por las paredes
y se han quedado a morir aquí,
donde los dioses sólo son esclavos del Hombre,
igual que los relojes, del tiempo.

 Lo siento, pero no pienso amueblar la casa,
sin amueblarme, primero, la cabeza.

jueves, 11 de abril de 2013

Sólo hay que cerrar los párpados y abrir los ojos

Me he prometido
no esperar en los semáforos
 como el que espera su sentencia de muerte,
caminar sin andarme por las ramas,
dormir la siesta entre los raíles,
 ahogarme en un vaso de whisky
para mantener la cordura.

 Me he propuesto
velarle los gritos a los teloneros del insomnio,
diseñarme un disfraz de payaso con los periódicos
del día en que terminó la guerra,
plantar versos en las macetas,
hacer equilibrismo por los trópicos de tu vientre
hasta masticarle las tripas al placer.

 Me he prohibido
liquidar el impuesto revolucionario del miedo
hasta ver sus pies por debajo de la puerta,
buscar muñecas decapitadas
por los arrabales de los vertederos,
andar de espaldas a la luna.

 Sólo hay que cerrar los párpados
y abrir los ojos.
Deponer las armas y armarse de orgullo.

 Y lo prometido es deuda.

martes, 5 de marzo de 2013

Si los acordes hablaran

Si los acordes hablaran
más de uno temblaría por miedo a ser delatado.
Si los acordes hablasen
no necesitaríamos al tiempo
como barniz para las heridas.
Si los acordes hablaran
se reducirían los intentos de suicidio
en las grandes ciudades.
Si los acordes hablasen
perderíamos el ritmo en la cama
que fundamos con el silencio.
Si los acordes hablaran
no escarbaríamos en los espejos
buscando una vida paralela.
Si los acordes hablasen
los políticos no tendrían nada más que decir.
Si los acordes hablaran
huirían de los himnos.
Si los acordes hablasen
se desnudarían las vírgenes,
las guitarras perderían el olor a madera,
se pudrirían las palabras en los altares
y el fuego se callaría.
Si los acordes hablaran
más de uno temblaría por miedo a ser delatado.

Si los acordes hablasen
Otro gallo cantaría.

jueves, 21 de febrero de 2013

Poemas al óleo



De las fotografías hice poemas al óleo.

De la sangre, un esmalte para tus uñas.

Del tabaco, un caballo de fuego.

De la témpera, licor para borrachos.


De los pasillos hice laberintos sin salida.

De la nieve, un fuero de tu boca.

De los ligueros, trampas para elefantes.

De la playa, tu tierra prometida.


¿Y llegas ahora,

con los labios anegados de preguntas exigiéndome un poema?